La Ciencia de la Política

Ciencia Política para la ciudadanía del siglo XXI

Crisis y coyunturas políticas – Materiales de estudio

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PROLOGO
Una de las tareas fundamentales del Cientista Político consiste a utilizar las categorías teóricas de la ciencia para analizar y comprender los procesos políticos: el análisis político en general y el análisis de coyuntura en particular, es una de las dimensiones principales de su actividad profesional.  Analizar y comprender la realidad política, los hechos políticos, es tanto un esfuerzo intelectual riguroso –basado en las exigencias epistemológicas de las Ciencias Sociales contemporáneas- como un arte dinámico y en permanente renovación, que el politólogo estará siempre llamado a realizar.

La noción de que “los hechos son fríos y duros”, constituye en sí todo un programa epistemológico para intentar el análisis de coyuntura de los procesos políticos, ya que no hay dimensión política en la que las pasiones, las tendencias subjetivas y las preferencias personales se manifiesten con mayor nitidez como en los escenarios de coyuntura.  Es en ese ambiente, cargado de subjetividad, en el que el politólogo y el analista siempre deben tener presente que los hechos son fríos y duros…

Este ensayo tiene por objeto presentar un marco teórico y conceptual general para el análisis de coyuntura, a partir de los conceptos y teorías de la Ciencia Política.

Se presenta una aproximación realista del estudio de las coyunturas políticas, un análisis de las coyunturas de crisis y esquemas para analizar las coyunturas, como material pedagógico para el Taller de Análisis Político, en el marco del VIII semestre de la carrera de Ciencias Políticas, de la Universidad ARCIS.

Manuel Luis Rodríguez U.  Cientista Político. 
Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006.
FUNDAMENTOS TEORICOS
 Y CONCEPTUALES

Una aproximación realista
al estudio de la coyuntura

Para la Ciencia Política, el realismo constituye una escuela epistemológica y conceptual que pretende ser un modo de aprehender la realidad de los hechos, procesos y fenómenos políticos, distinguiendo tales hechos del proceso cognoscitivo.  Para comprender el lugar del realismo en la ciencia politológica, primero debe reconocerse que el programa  teórico y metodológico de ésta, se propone conocer y develar los procesos, tendencias, ideas, estructuras y fuerzas dinámicas que constituyen la Política en su realidad objetiva, en la sociedad actual.

De aquí resulta, en segundo lugar, que el “realismo politológico” (es decir, el realismo aplicado a la Ciencia Política)  recoge y asume la validez de la Historia como maestra de experiencias, como ilustración susceptible de iluminar el presente, mediante la comprensión del significado de las lecciones del pasado.

No se trata tampoco de situar el estudio politológico en una perspectiva historicista, porque resultaría desviarlo de su vocación y su responsabilidad primordial con el presente y con el futuro. La Historia sirve al conocimiento realista de la Ciencia Política, únicamente en cuanto pone de manifiesto realidades anteriores, que fueron resueltas mediante procedimientos únicos y condicionados por el tiempo y otras circunstancias: también es realista reconocer que en Política, como en las demás dimensiones sociales de la existencia humana, el tiempo no regresa ni se repite.

A diferencia de otras escuelas científicas, el realismo en la Ciencia Política, presupone una teoría realista del sistema político directamente apegada a la realidad, y supone el reconocimiento de la existencia de los fenómenos políticos, como procesos complejos independientes del acto de conocerlos, de pensarlos o de estudiarlos, de donde se deriva que la relación cognoscitiva no modifica los procesos que ella estudia, y que aún cuando el investigador aborde la realidad política, desde el interior de sus dinámicas objetivas y simbólicas (de las que no puede sustraerse por su condición de ciudadano, ni siquiera en nombre de la ruptura epistemológica), ello no implica que dichos procesos agoten dicha relación.

Desde ésta perspectiva, el hecho de conocer los fenómenos y procesos políticos, no altera nada el objeto del conocimiento politológico, entendiendo que dichos procesos son relaciones, es decir, son conexiones espacio-temporales de las cosas y de los individuos que intervienen en los procesos políticos, de manera que la relación que se llama conocimiento, es una relación entre el investigador u observador (en éste caso, el Cientista Político) y los procesos y actores políticos entendidos como objetos de dicho conocimiento.

Desde el punto de vista de su trayectoria histórica, el paradigma realista de las ciencias, no es solamente una cierta forma de positivismo, en cuanto habla de hechos objetivos o positivos, o una actitud o norma para la acción, o una cierta posición adoptada en la teoría del conocimiento.  Se trata de una postura filosófica y epistemológica respecto de la ciencia y del conocimiento, que ha intentado abordar la materia empírica de la realidad, sobre la base de su comprensión interrelacional y causal, en tanto en cuanto “sistema complejo de fenómenos objetivos, empíricamente observables”. 

De aquí resulta una especie de “circularidad del conocimiento” desde la óptica realista: no solamente el criterio central de la objetividad son los hechos mismos, sino que el conocimiento parte de la realidad tal cual es, se eleva a la teoría para comprenderla y vuelve finalmente a la realidad, para verificar la validez de la teoría.

La relación cognoscitiva (es decir, la que se establece entre el observador y los procesos políticos) según el punto de vista realista, no modifica a los entes, seres o procesos entre los cuales se establece, y por lo tanto, el hecho que los procesos políticos (en sus dimensiones material y simbólica) se aparezcan como en relación con el observador, no implica que su ser y su entidad se agote en dicha relación.

El realismo –como paradigma teórico- argumenta que la explicación de los hechos y los fenómenos, depende básicamente, de la identificación de los mecanismos objetivos y de los hechos reales tal como se manifiestan en la realidad empírica, la que proviene de la observación directa de los factores causales, de manera de poner en evidencia las leyes que explican y permiten interpretar las regularidades, alteraciones y cambios que se manifiestan en el flujo secuencial de hechos observables.  A su vez,  las regularidades empíricas han de ser explicadas mediante la demostración objetiva de que ellas son una manifestación observable de la vinculación entre ciertos mecanismos y estructuras sistémicas que se interpenetran.

Para el enfoque realista de la Ciencia Política, entonces, la objetividad de un juicio, una evaluación, apreciación o del conocimiento politológico consiste y depende de su más exacta correspondencia con la realidad de los procesos políticos.

De este modo, el espacio y el tiempo políticos se encuentran en una posición y en una trayectoria independiente, exterior, respecto de nuestra sensibilidad y de nuestras percepciones, lo que permite que el Cientista Político los aborde como realidades objetivas, es decir, como el modo de ser de los procesos políticos, en cuanto existen fuera e independientemente de la mente humana. 

De aquí se desprende que los hechos y los procesos políticos existen y suceden (o transcurren) como fenómenos sociales, como realidades empíricas que se manifiestan independientemente de nuestras opiniones, de nuestros deseos, de nuestras creencias y preferencias.

Las principales premisas epistemológicas del realismo, son las siguientes:

primero, que los hechos, en su realidad fáctica, en su causalidad única e irrepetible, en su interpenetración espacio-temporal, constituyen el criterio fundamental del conocimiento de la realidad;

segundo, que en el proceso del conocimiento, la aprehensión de los hechos objetivos se confronta con las realidades intelectivas, con los procesos comunicacionales, con las dimensiones retóricas del quehacer humano, y en dicho proceso comparativo, son los hechos los que constituyen el criterio central de comprensión de dicha realidad;

tercero, que los hechos objetivos poseen la fuerza intelectiva de la evidencia, en tanto en cuanto permiten definir y precisar la realidad que constituyen, por encima de las percepciones subjetivas, de las intenciones y  los deseos que intentan explicarlos, aún entendiendo que los intereses (individuales, grupales y colectivos) constituyen el fundamento explicativo último de las acciones;

y cuarto, que la relación entre el objeto o realidad por conocer, el sujeto que conoce y la representación de dicha realidad, es una relación exterior, en el sentido de que se trata de tres entidades distintas y separadas, pero siempre entendiendo que, en el proceso de la construcción mental de la realidad, el criterio básico de la objetividad es la evidencia empírica  de los hechos.

El paradigma realista aplicado a las realidades sociales y políticas, considera básicamente a la Política  como una realidad fáctica, objetiva, por lo que se basa en la premisa conceptual de que, en la conducta de los actores políticos que intervienen en la escena política, lo que prima, lo que interesa y lo que determina las evaluaciones, estimaciones, cálculos y apreciaciones, son los hechos políticos, diplomáticos y estratégicos y los intereses que los mueven.

De aquí se desprende que en Política, lo esencial son los hechos, las conductas, las acciones, y no los discursos,  las declaraciones, o las intenciones anunciadas.

Tres son las dimensiones teórico-prácticas interrelacionadas, en las que el paradigma realista sintetiza su lectura de la Política: los intereses y el poder, el problema del conflicto, y la cuestión del equilibrio.
El concepto de coyuntura política
¿Qué es una coyuntura política?

El concepto de coyuntura y de coyuntura política en particular se presta difícilmente al análisis realista de la Ciencia Política o de otras disciplinas de las Ciencias Sociales.  Se trata de una noción que ha ingresado al lenguaje corriente y al uso intensivo en la opinión pública y en el espacio público, por lo que se aprehensión es siempre dificultosa.

Una primera aproximación epistemológica nos permite abordar la noción de coyuntura desde el punto de vista del tiempo.  Así, coyuntura sería un momento determinado del tiempo político en el que se concentran ciertos procesos políticos.

Una segunda aproximación puede ser la de los acontecimientos, es decir la de los hechos políticos ordenados en una secuencia temporal consecutiva, de manera de darles la categoría de proceso político.   Así entonces, una coyuntura sería una síntesis arbitraria de determinados fenómenos o hechos políticos interdependientes entre sí.

Según esta noción, cualquier conjunto de fenómenos políticos contemporáneos o concomitantes podría ser objeto de un análisis de coyuntura.   De aquí deriva el carácter necesariamente artificial, artificioso del “corte” ejercido en el proceso político, para construir una categoría de análisis político a la que hemos denominado “coyuntura política”.   Cuando sometemos al análisis de coyuntura a una determinada porción del proceso político, en realidad estamos operando un corte transversal a voluntad del analista, lo estamos “desprendiendo” de la secuencia de acontecimientos de la que forma parte, y la estamos sometiendo al rigor de ciertas reglas científicas y metodológicas en la forma de determinadas categorías de análisis.

En síntesis, podemos definir, desde una perspectiva realista, que la coyuntura política es un momento del proceso político en el que se sintetizan determinados hechos políticos interdependientes entre sí.

Por lo tanto, de esta definición propuesta resulta que para comprender y situar metodológicamente una coyuntura política, debemos entender primeramente qué es el proceso político.
El proceso político
Las coyunturas se sitúan en un contexto mayor, estructural, sistémico: el proceso político.  Es al interior del proceso político y de su secuencia temporal que tienen lugar las coyunturas o momentos críticos.

El proceso político se define como la secuencia de hechos políticos tal como sucede en la realidad en su interconexión e interdependencia.
CRISIS Y CRISIS POLITICAS
Todo proceso político y social está caracterizado por ciertos momentos en los que el sistema o las relaciones sociales existentes no pueden continuar funcionando tal como lo han hecho hasta ahora, porque se han acumulado una serie de disfunciones, tensiones y contradicciones.  Esos momentos son las crisis, los que deben ser analizados tanto desde una perspectiva estructural, sistémica o institucional, como de la perspectiva de su secuencia temporal o histórica.
Aproximaciones
a un concepto realista de crisis política

Uno de los rasgos más sorprendentes de toda crisis, es que con mucha frecuencia los propios actores involucrados no perciben claramente que se encuentran en una coyuntura de crisis.

Toda crisis es una coyuntura, pero no toda coyuntura es una crisis.

Una crisis se constituye en un momento en el que se sintetizan y se concentran la mayor parte de las tensiones y conflictos que se manifestaban tanto en la superficie como bajo la superficie de los acontecimientos que constituían el proceso político.  En la secuencia de eventos que constituyen el proceso político, siempre se encuentran larvadas las condiciones y factores que pueden desencadenar unas crisis.

Por lo tanto, para comprender las crisis en general y las coyunturas críticas en particular, debemos tener en cuenta el factor azar: al interior de la compleja malla de interrelaciones e interdependencias que dan forma dinámica al proceso político en el tiempo y en el espacio, siempre se encuentran incubados aquellos factores cuya colisión va a conducir hacia una crisis.

Las crisis políticas pueden así definirse como coyunturas fluídas en las que se alteran los rangos de funcionamiento de los sistemas y las relaciones entre los actores componentes de un sistema.
La trayectoria de la crisis
Toda crisis así como todo fenómeno político, sigue una trayectoria, es decir, una secuencia de acontecimientos interrelacionados entre los cuales existe generalmente una relación de causalidad, de manera tal que la forma cómo se manifiesta una fase, ello determina la forma cómo va a producirse la fase siguiente.

Para el mejor examen de las coyunturas de crisis, resulta conveniente y usual practicar un análisis de la secuencia de eventos que la constituyen.

La Ciencia Política moderna identifica a lo menos las siguientes fases consecutivas en toda crisis:

a) fase de acumulación de tensiones;
b) fase de desencadenamiento de la crisis y punto de no retorno;
c) fase de escalamiento y agudización de la crisis;
d) fase de resolución de la crisis.

De acuerdo con esta secuencia, la trayectoria general de una crisis puede graficarse del siguiente modo:

Pero la secuencia aquí presentada nada nos dice de los actores que intervienen en el curso de la coyuntura de crisis y del rol que tienden a desempeñar a lo largo de la secuencia.

En efecto, todo proceso político es siempre y en última instancia, un complejo juego de relaciones entre individuos, entre grupos, entre actores políticos, es decir, de actores sociales dotados de voluntad e intereses políticos, de manera que es su intervención, son sus prácticas las que determinan el curso de los acontecimientos.  

En política y en particular en las crisis políticas, no son fuerzas ciegas ni instituciones anónimas las que intervienen y determinan el curso de los acontecimientos: son los actores políticos –siempre entendidos como actores  programáticos, o sea dotados de voluntad de poder e intereses políticos-  los que actúan o dejan de actuar, los que gesticulan y despliegan sus recursos en procura del logro de sus demandas y de sus intereses.  

Otra cosa a estudiar, es el rol y la importancia que esos actores tienen al interior de una coyuntura determinada. 

Aquí siempre hay que distinguir entre actores claves o determinantes y actores secundarios y lo que los diferencia es su respectiva capacidad de ejercer algún grado de influencia en el curso de los acontecimientos que constituyen la coyuntura en estudio.  Del mismo modo, no hay que perder de vista que una coyuntura de crisis pueden tener uno o varios espacios o lugares donde los hechos suceden y donde la crisis se decide y se resuelve.

Pero, por lo pronto, incorporemos ahora a los actores políticos y sus respectivos roles.

Pero además, para comprender una crisis o una coyuntura cualquiera, hay que situarla en el tiempo.
El tempo de la crisis
Para los efectos de su análisis, toda crisis puede ser descompuesta –como se ha visto en la descripción gráfica anterior- en una secuencia de eventos; toda crisis es una secuencia de eventos, es decir, una sucesión temporal e interconectada de acontecimientos ejecutados por los actores que tienen lugar en un espacio determinado, en la forma de una cadena más o menos contínua de sucesos. ( )

Los tiempos en los que sucede la secuencia de los acontecimientos de la crisis, no corren a la misma velocidad que los tiempos en los que suceden los acontecimientos “normales”.  Se acelera el tiempo, se acelera el ritmo del tiempo y se acelera la secuencia de eventos que componen la crisis.

Los cambios de ritmo del tempo ocurren o se manifiestan cuando han ciertos momentos en los que los acontecimientos parecen tener un lento desarrollo y otros en los que la secuencia se interrumpe o los eventos se aceleran unos tras otros.

En el curso de una crisis –política, social, internacional- los actores tienen la impresión de que existe una suerte de “aceleración del tiempo”, como que los eventos se suceden a una mayor velocidad temporal lo que ocurre en los tiempos de no-crisis o de normalidad.

Esta aceleración del tiempo es real, es efectiva.  Los actores involucrados en una coyuntura de crisis, la viven y la sienten esa aceleración temporal, pero con frecuencia no saben manejarla, no conocen el impacto de la noción tiempo en el comportamiento de los demás actores.  Algunos analistas y politólogos han podido afirmar en este sentido, que quién controla el ritmo y los tiempos de una coyuntura de crisis, está en condiciones de intentar  manejar, controlar o conjurar una crisis; ello es medianamente cierto, ya que hay que analizar también el juego de acción y reacción de los demás actores involucrados.

Una de las características distintivas de las coyunturas de crisis es que el tiempo durante el cual ocurren, transcurre a un ritmo distinto del resto del llamado “tiempo normal”, y por eso se le denomina el tempo de la crisis, para referirse a un tiempo de ritmo distinto y de mayor aceleración en la ocurrencia y frecuencia de los eventos.
ESQUEMAS
 PARA EL ANALISIS DE COYUNTURA POLITICA

¿Cuáles son los factores que debemos considerar al analizar una determinada coyuntura?

¿Cómo guiarnos metodológica e intelectivamente al interior de una masa aparente e informe de acontecimientos, cómo distinguir los hechos principales de los fenómenos secundarios o de menor relevancia?
Algunos criterios
 metodológicos

Al análisis de coyuntura adopta los siguientes criterios o reglas metodológicas para examinar un determinado fenómeno o proceso:

a) considerar cada hecho como un suceso siempre interrelacionado con otros fenómenos anteriores y contemporáneos;
b) leer el conjunto antes de interpretar un detalle, es decir, considerar siempre la secuencia de los hechos, en su continuidad temporal y su diversidad espacial, antes de pretender establecer una tendencia del conjunto de los sucesos;
c) distinguir los hechos de las palabras, es decir, guiarse preferentemente por una lectura de los hechos tal cual han sucedido o están sucediendo, y no según las declaraciones o la retórica de los actores involucrados;
d) leer los intereses en juego, de acuerdo a los hechos, a las conductas reales de los actores y no de sus declaraciones o gesticulaciones públicas;
e) incorporar la lógica acción-reacción, es decir, asumir siempre que a una acción o gesticulación de un actor determinado, se sucederá una reacción del actor contrincante.

La estructura general
 de la coyuntura

Este sería el esquema básico de la coyuntura.

Primero establecemos la línea o trayectoria general de los hechos y determinamos en que fase se encuentra.

En segundo lugar, establecemos la jerarquía de los actores involucrados:

a) actores principales o decisivos;
b) actores secundarios;
c) actores que empujan hacia el conflicto;
d) actores que intentan negociar; y
e) actores que pretenden generar un escenario de mediación.

En tercer lugar, describimos las acciones y gesticulaciones de los actores y su impacto sobre las decisiones y conductas de sus actores contrincantes.

Y en cuarto lugar, comparo las declaraciones de los actores con sus conductas concretas y reales, de manera de establecer sus verdaderas intenciones.

Manuel Luis Rodríguez U.

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Author: Manuel Luis Rodríguez U.

Sociólogo, Cientista Político, académico, comunicador.

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