Estado de avance del proceso constituyente en Chile concluida la etapa de cabildos locales y regionales

Para opinar hay que estar informado.

Presentamos una descripción conceptual y gráfica del estado actual del proceso constituyente en nuestro país.

congreso pleno

La sistematización consiste en ordenar la información que surgirán de las distintas etapas del proceso participativo dando garantías de fidelidad e imparcialidad.

La metodología de sistematización considera procedimientos transparentes y trazables en todas sus etapas por el Consejo Ciudadano de Observadores, el Gobierno, así como de otros centros de estudio, organizaciones y ciudadanía en general que quiera replicar los resultados.

Objetivos de la sistematización:

  • Sistematizar de manera descriptiva los resultados de la participación ciudadana del proceso constituyente: participación individual, encuentros locales, cabildos provinciales y cabildos regionales.
  • Organizar la información producida en las instancias de diálogo asegurando que el conjunto de las opiniones sean recogidas fielmente en un Informe final de Sistematización.
  • Entregar garantías de transparencia y altos estándares metodológicos y técnicos en cada una de las fases de la sistematización.

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El federalismo en Chile: ese hijo bastardo de la República – Ensayo

El federalismo en Chile: ese hijo bastardo de la República.  Notas históricas sobre el origen, auge y fracaso del proyecto federal en los inicios de la República.

PREFACIO.

Entre los años de 1825 y 1828, Chile vivió un intenso período histórico denominado del “ensayo federal”.

La renuncia de Bernardo O’Higgins como director supremo del Estado, a principios de 1823, desencadenó una diversidad de fuerzas en tensión que se habían acumulado a lo largo de su mandato desde 1817: las provincias que reclamaban más poder y los grupos liberales y conservadores que no se sentían cómodos con el gobernante y su estilo autoritario, abriendose un período de inestabilidad. No habían entonces partidos políticos propiamente tales, sino grupos liderados por caudillos políticos provenientes de las familias propietarias.   Los debates políticos y parlamentarios se circunscribían a las reducidas elites oligárquicas locales.

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Una época convulsionada donde se mezclaron los efectos retardados de la guerra de la Independencia (la “revolución” como la mencionaban los parlamentarios de los años de 1820), las dificultades del erario nacional con la prolongada paralización de la actividad productiva y la recaudación fiscal, además de la inestabilidad ocasionada por la activa intervención política de los militares y la persistencia de las bandas de montoneros en el sur.

Con la Constitución de 1822, el Congreso Nacional quedó integrado por dos cámaras, la de Senadores y la de Diputados.

Tras la abdicación de Bernardo O’Higgins, la junta gubernativa que le sucedió acordó aprobar un Reglamento Orgánico y Acta de Unión del Pueblo de Chile el cual estableció un Senado compuesto por nueve senadores propietarios y siete suplentes que entró en funciones después de la promulgación de la Constitución 1823. Este senado fue el que debatió y aprobó la ley que abolió totalmente la esclavitud en Chile. Desde fines de 1822 y hasta 1931 se eligieron numerosas asambleas provinciales, verdaderos parlamentos que se dieron en provincias y con los cuales se abrió paso la intención de establecer un régimen federal de gobierno en Chile.

En medio de la lucha por el poder entre pipiolos y pelucones se efectuaron un Congreso general, dos Congresos constituyentes, un Congreso plenipotenciario y se dictó una nueva Constitución de corte liberal en 1828 que estableció definitivamente un Congreso bicameral.

De este modo, se creó una Cámara de diputados compuesta por miembros elegidos popularmente cada dos años en la proporción de uno cada 15.000 habitantes y una Cámara de senadores, compuesta por representantes de las asambleas provinciales a razón de dos senadores por provincia. Con este Congreso se inició el primer período legislativo chileno, con una correlación numérica que continúa hasta la actualidad.

En 1826 la mayoría del recién elegido Congreso Nacional constituyente se mostró partidaria de avanzar hacia un régimen político federalista. Liderados por José Miguel Infante promulgaron entre julio y octubre de 1826, una serie incompleta de “leyes federales”. Gracias a ellas, la República de Chile quedaba organizada en un sistema federal conformado por ocho provincias: Coquimbo, Aconcagua, Santiago, Colchagua, Maule, Concepción, Valdivia y Chiloé.

Enseguida, el Congreso Nacional avanzó hacia la discusión de una nueva constitución federal; sin embargo, la aplicación del federalismo tuvo graves problemas de funcionamiento, porque las provincias no tenían práctica en esta nueva forma de gobierno y los problemas financieros del Estado no permitían una base económica estable para el proyecto, generándose una crisis política que llevó a la renuncia del presidente Manuel Blanco Encalada y a la disolución de Congreso federalista, sin que se lograra promulgar la anhelada constitución federal.

Las tensiones entre federalistas y estanqueros, liberales y conservadores, originadas en la tentativa federalista y el desorden social y político, más la intervención política de los militares generaron las condiciones para  el nuevo congreso constituyente y la constitución de 1828 y la guerra civil de 1830.

Este ensayo examina los documentos de la época para intentar comprender el contexto, el desarrollo y las razones del fracaso del proyecto federalista en los orígenes de la República. Dos fuentes nos han parecido relevantes para comprender el contexto histórico del proyecto federal: la colección de actas de sesiones de los Congresos constituyentes de la República en 1826 y 1827 y la Historia Jeneral de Chile de Diego Barros Arana.  La historia de Barros Arana, junto a otros historiadores consultados, permiten formarse un cuadro general del contexto histórico, y las actas de las sesiones del Congreso permiten conocer en profundidad los avatares del proyecto federalista, y en especial su diseño teórico y jurídico y sus formas de implementación.

Hemos recurrido a las fuentes documentales originales para construir una interpretación de ese momento histórico.

La hipótesis sobre la que se funda este ensayo afirma que “el fracaso del proceso de implantación del federalismo en Chile en los inicios de la República, obedece tanto a causas internas propias de su concepción y diseño y de las fallas de implementación de un modelo de Estado extraño a la institucionalidad y a la realidad socio-cultural en el país, como a una suma de factores externos de orden económico, social, político y cultural que determinaban un clima general de desorden e ingobernabilidad.”

Es difícil leer el pasado histórico de hace casi dos siglos atrás, con los ojos de la razón del siglo XXI.   Pero a pesar del velo nebuloso que pone el tiempo, el presente puede enriquecerse con las lecciones que muestra aquella experiencia de la segunda década de nuestra breve historia republicana.

El federalismo surgió y desapareció del ideario político e ideológico en Chile, en los decenios iniciales de la República como consecuencia de una combinación de factores culturales, sociales y políticos que pusieron de manifiesto su escasa conexión con la realidad social, cultural y económica del país y con el contexto político en que tuvo lugar dicha tentativa de cambio constitucional.

Para el desarrollo de este ensayo hemos compulsado los archivos digitales del Congreso Nacional de 1823, 1824 y 1825, y en particular de los Congresos Constituyentes de 1826, 1827 y 1828.   Estas contienen abundante documentación: actas de sesiones y mociones parlamentarias, decretos, además de informes de las comisiones legislativas y comunicaciones entre el Congreso y el Gobierno.

El capítulo primero presenta en detalle el contexto político, institucional y social del surgimiento del proyecto federalista, el capítulo segundo describe el proceso de instalación del federalismo y el capítulo tercero analiza el fracaso del proyecto federal.  Se presentan finalmente las fuentes y referencias bibliográficas y documentales consultadas y en Anexos se reproducen los principales textos relativos al proyecto federal.

En las citas y referencias tomadas desde las actas de las sesiones de los Cuerpos Legislativos entre 1823 y 1828, se ha seguido la ortografía de la época, por respeto a la verdad histórica.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2016.

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ENSAYO FEDERALISMO CHILE HIJO BASTARDO REPUBLICA

 

Los gobiernos de coalición en el Cono Sur de América Latina y los presidencialismos

Ensayo de Ciencia Política sobre los gobiernos de coalición frente a los regímenes presidencialistas en los Estados  del Cono Sur de América Latina.

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“Lo cierto es que el funcionamiento de los sistemas políticos —cualesquiera que sea su régimen— descansa en la necesidad de llegar a acuerdos interpartidistas, de construir consensos y, a fin de cuentas, en la negociación entre los diferentes actores. Un rápido repaso al panorama gubernamental mundial indica que los países más desarrollados y la mayoría de los países europeos llevan más de medio siglo gobernados por coaliciones, sean éstas mayoritarias o minoritarias (por ejemplo, Alemania, Holanda, Bélgica, Austria, Suiza, Suecia, Noruega o Dinamarca). Así, la anterior valoración negativa de los gobiernos de coalición se ha basado en la polarización, el maniqueísmo, el recelo, la arrogancia política y la identificación de la negociación política con el caos. A partir de aquí la conclusión a la que llegan los detractores de los gobiernos de coalición es que éstos generan más inestabilidad política.”

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GOBIERNOS COALICION Y PRESIDENCIALISMOS CONO SUR

Impacto del fin del binominal y cómo abordar el nuevo sistema proporcional – Pepe Auth

IMPACTO DEL FIN DEL BINOMINAL Y  CÓMO ABORDAR EL NUEVO SISTEMA PROPORCIONAL

Después de 26 años y siete elecciones parlamentarias, la próxima elección de diputados y senadores se hará con las reglas del sistema proporcional. Esta minuta apunta a identificar los cambios concretos que desencadena este trascendental cambio y también a sugerir modificaciones en la conducta de los diferentes actores políticos para abordar con éxito la elección más importante desde 1989, porque ésta determinará el tamaño con que las distintas fuerzas políticas ingresarán al nuevo ciclo democrático que se inicia.

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DE QUÉ SE TRATA EL CAMBIO

 

Para elegir diputados, pasamos de 120 escaños elegidos todos en 60 distritos duales, a 155 diputados en 28 distritos de mayor tamaño que elegirán entre 3 y 8 escaños cada uno. Para los senadores, cada región pasa a ser una circunscripción senatorial, eligiéndose dos escaños en cada una de las 5 regiones menos pobladas, tres en las 5 regiones medianas y cinco escaños senatoriales en las 5 regiones más grandes.

Ningún diputado será elegido en un distrito dual, sólo 28 (18,1%) diputados se elegirán en distritos pequeños de 3 y 4 escaños, mientras 127 (81,9%) lo harán en distritos medianos y grandes, que eligen entre 5 y 8 diputados.

Diez senadores continuarán eligiéndose en un esquema dual, pero el 80% restante (40) será electo en circunscripciones de 3 y 5 escaños. Además, la mitad del Senado se elegirá en circunscripciones senatoriales de 5 escaños.

 

CONSECUENCIAS DE LA APLICACIÓN DEL NUEVO SISTEMA

 

  • Se inicia la era del deshielo

El Binominal prolongó artificialmente el clivaje que constituyó la política después del Plebiscito de 1988 entre los partidarios del SÍ y del NO, produciendo un efecto de congelamiento del sistema político. Es muy improbable que la división en dos bloques definidos por su comportamiento de hace 27 años resista al nuevo sistema electoral, que tenderá a reemplazar la escena actual de dos bloques separados por un foso, por un continuo de fuerzas políticas diferenciadas que seguramente partirá a la izquierda de la Nueva Mayoría y pasará también por una fuerza política de Centro, perdiendo su sobre representación los dos bloques que han dominado de manera incontrarrestable la política chilena por casi tres décadas.

 

  • Se acaba el paraíso de los expertos electorales

El Binominal es el sistema electoral de resultados más predecibles. Porque es como un partido de fútbol con muy pocos marcadores posibles: el empate 1-1 en la gran mayoría de los casos, el triunfo 2-0 en un puñado de distritos y muy excepcionalmente la derrota 0-2.

Con el cambio, se multiplican los resultados posibles de la elección en cada distrito, por supuesto son más numerosos tanto más escaños se elijan. Imaginemos la cantidad de resultados posibles en un distrito de 7 escaños donde hay 4 listas en competencia: puede ser 4-3-0-0, 3-3-1-1, 2-2-2-1, 2-2-1-2, 5-2-0-0, 4-1-1-1, 1-1-3-2, y decenas de otros resultados posibles. Es como el paso del blanco y negro al color en la televisión chilena a comienzos de los Ochenta.

Las elecciones recuperan así un elemento esencial, que es la incertidumbre respecto del resultado. Es posible que la motivación para concurrir a votar crezca en la medida que los electores sientan que hay diferencia entre participar o quedarse en la casa.

 

  • Obtener más votos cobra sentido y razón

Hoy día en la gran mayoría de los distritos, los candidatos saben de antemano que ninguna lista doblará a la otra, de modo que obtener 30% de los votos significa para una lista elegir un diputado y empatar con la otra lista principal, esforzarse para crecer al 40% produce el mismo efecto, es decir, se sigue eligiendo un solo diputado, conquistar el 50% e incluso hacer la proeza de llegar al 60% de los votos del distrito tiene el mismo resultado que haberse quedado en el 30%, gastando menos recursos, tiempo y energía. El Binominal hace las veces de un poderoso calmante que termina aletargando a los incumbentes, a sus partidos y a sus coaliciones electorales.

En la práctica, cuando el diputado de una coalición es electoralmente fuerte, los buenos candidatos rehúyen competir allí y termina frecuentemente con un acompañante testimonial, que no lo desafía electoralmente. Eso provoca que el resultado 1-1 haya pasado a ser la norma y el doblaje la excepción.

En un distrito de 8 escaños del nuevo sistema, cuando una lista sólo suma 20% puede que elija dos diputados pero si sube al 30% seguro sumará un tercero, con 40% lo más probable es que elija cuatro, si logra la mitad de los votos quizás consiga un quinto escaño, y si realiza la hazaña de superar el 60% puede terminar eligiendo 6 de los 8 diputados en juego. Lo mismo ocurre con las listas no alineadas, porque la diferencia entre 5 y 10% puede que sea la distancia entre elegir y quedarse afuera. Hoy día, da lo mismo que obtengan 5, 10, 15 o 20%, con esos resultados no eligen parlamentarios porque no superan a ninguna de las dos coaliciones principales.

El efecto obvio es que ya no habrá candidatos que parten sin la más mínima opción y ningún partido dejará de poner el mejor elenco posible en todos los territorios electorales, porque siempre estará abierta la opción de elegirse, sea por una votación personal importante, por la de su compañero de partido o por el buen resultado de su coalición electoral.

Pasaremos de un sistema de competencia amortiguada, regulada y a veces inoficiosa, a uno de alta competitividad, derivada de que todos los candidatos pueden pensar con algún fundamento que tienen opción de ser electos y porque un solo voto por sobre la lista adversaria puede hacer una diferencia en el número de parlamentarios elegidos.

 

  • Las terceras (y cuartas) fuerzas podrán existir sin permiso de los dos grandes

Una fuerza como el Partido Comunista, que había logrado formar una coalición consiguiendo votaciones nacionales entre 6 y 9%, habría ingresado al Congreso con este sistema electoral sin necesidad de pactar con la Concertación como lo hizo en 2009. También el PRO sin duda habría elegido parlamentarios. El Binominal fue perforado excepcionalmente –menos del 2% de los casos- pero siempre en distritos muy pequeños, y la mayoría de las veces el sistema alentaba la cooptación de esas excepciones por parte de los dos grandes bloques.

Era muy difícil no sólo por el altísimo umbral efectivo del Binominal –entre 25 y 33%- sino también por la desesperanza aprendida de electores que veían a su opción política obtener adhesión significativa elección tras elección sin ninguna posibilidad de elegir parlamentarios, lo que sin duda reducía su electorado al núcleo duro que vota para expresarse, perdiendo por completo a ese gran número de votantes que piensa también en tener un representante que luego diga o haga cosas que vayan en su beneficio.

Bajará significativamente el umbral efectivo para elegir diputados y senadores –en las de 3 al 20-25%, en las de 5 al 15-18% y en los de 8 a 10-12%, pero sobre todo cambiará la percepción de los electores a la hora de votar por terceros o cuartos compitiendo por fuera de los dos grandes bloques, pues pronto se percatarán que también tienen opción real de ser electos.

 

  • La hora de la verdad para los partidos

El Binominal funciona, en la práctica, como un sistema uninominal en paralelo en los dos grandes bloques. Es así como la UDI, con sólo 4 puntos porcentuales más que RN en la elección de 2009, eligió 40 diputados contra sólo 18. Esto no ocurrirá más, porque la relación entre los votos y los escaños de cada partido será mucho mayor, pues desaparecerán los efectos uninominales y las distorsiones de la negociación parlamentaria.

La Nueva Mayoría hoy día negocia para que candidatos de sólo 2 partidos conformen la lista en cada distrito y circunscripción, de modo que en la votación de los candidatos del PPD hay con toda seguridad votación socialista, democratacristiana o comunista, según como se conformó la dupla, y lo mismo le ocurre a todos los partidos. Ahora, en cambio, la norma general será que todos compitan con sus propias candidaturas en todo el territorio nacional, e incluso si lo hacen concentrados allí donde tienen opción, deberán competir con todos los demás, y no como ocurre hoy día, que es sobre la base de las mutuas omisiones.

Esto es lo que hace de la próxima elección un acontecimiento decisivo para las próximas décadas, porque se pueden perfectamente producir variaciones relevantes en el tamaño de los diferentes partidos y, por tratarse de la primera elección con el nuevo sistema, cómo le vaya a cada uno en noviembre de 2017 será muy determinante en la incidencia política de las distintas fuerzas en las dos décadas siguientes.

El subpacto es en la práctica la posibilidad que tienen dos o más partidos políticos de actuar como un solo partido electoral al interior de una coalición. Como la ley no contempla la opción de constituir subpactos entre partidos, el que desee o necesite formar un partido electoral estará obligado a convertirse en un solo partido político. Es el caso del Partido Socialista y el PPD, en alguna medida también el Partido Radical Socialdemócrata, que comparten buena parte de su electorado específico. No olvidemos, sí, que el Binominal dejó como herencia el empequeñecimiento del electorado de partidos en beneficio de aquellos que, sin preferencia por partidos e incluso teniéndola, privilegian la coalición y se identifican votando simplemente por los que mejor la expresan. Quizás esa tendencia comience a revertirse con el cambio de sistema pero tomará su tiempo que los partidos recuperen su identidad diferenciada y sus nichos electorales propios.

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La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos. Contribuciones para el debate

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El libro “La democracia en América Latina” del PNUD, publicado en 2004, conserva una particular actualidad acerca de los grandes procesos sociales, culturales y políticos que afectan a los sistemas democráticos en esta región del mundo.

Publicamos su versión pdf en extenso:

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Notas para una Historia Constitucional de Chile 1811-1925

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Entre 1811 en el proceso de la Independencia y 1925 se suceden en nuestro país diversos intentos por reglamentar la convivencia nacional en un texto constitucional único.

La característica fundamental de este proceso histórico, es que todas las Constituciones que rigieron a Chile emanan de la elaboración de grupos minoritarios y de elite, principalmente formados por ciudadanos partidarios del gobierno.  Esta es una constante que se repite desde 1811 hasta la Constitución de 1980.

Analizamos la etapa histórica inicial de la República.

Esta etapa de la historia política y constitucional ha sido considerada como un período de “ensayos constitucionales” o de “organización de la República”. Con la Constitución de 1833 se organiza el Estado en armonía con las necesidades de la sociedad y se abre un período de estabilidad institucional importante que dura casi un siglo. En el siglo XX, la Constitución de 1925 consagra un régimen presidencialista puro y otorga al Estado un rol importante en el desarrollo económico y social del país.

Etapa de los ensayos constitucionales en Chile.

Posterior al establecimiento de la primera Junta de Gobierno de 1810, en el período conocido como la Patria Vieja, surgen algunas normativas de carácter temporal, mientras se encuentra cautivo el Rey de España, Fernando VII.  Cabe destacar que, desde el punto de vista estrictamente político y constitucional, los ensayos aquí reseñados no significaban una ruptura con el dominio español sobre la colonia chilena.

Estos tres ensayos fueron elaborados por algunos pocos individuos ilustrados, que habían conocido la Constitución americana de 1766 y textos españoles.

Estas son :

Al año siguiente de haberse establecido la Primera Junta Nacional de Gobierno del 18 de Septiembre de 1810, se dictó el primer reglamento constitucional, denominado Reglamento para el Arreglo de la Autoridad Provisoria de 1811.

Ese texto establecía un Ejecutivo colegiado de tres miembros y un Congreso unicameral, el cual tenía facultades propias del Ejecutivo como el Patronato Eclesiástico, el manejo de las relaciones exteriores, el mando de tropas, entre otros. Un golpe militar, el 15 de noviembre de 1811, pone término a este reglamento.

Aprobado por la Junta de Gobierno, el Reglamento Constitucional de 1812 establece un Ejecutivo a cargo de tres personas, un Legislativo unicameral (Senado Consultivo) y se reconoce la autoridad del Rey de España.

El Reglamento Constitucional Provisorio de 1814 fue promulgado a fines de la Patria Vieja, orientado principalmente a instaurar el título de Director Supremo con amplias facultades, en gran parte influenciado por la guerra de la independencia. Su cargo tenía una duración de 18 meses, al término de los cuales quedaba sujeto a juicio de residencia y en caso de enfermedad o ausencia sería reemplazado por el Intendente de Santiago. Con este reglamento, el Senado perdió su carácter representativo, transformándose en un organismo meramente consultivo.

Con la proclamación y jura de la independencia nacional el 12 de febrero de 1818 en Santiago, se dio inicio a una nueva etapa para Chile: la Patria Nueva. Varios gobiernos hasta 1830 ensayan normas que regulen la convivencia de los chilenos a través de diversos textos constitucionales. Estos son:

  • Constitución Provisoria de 1818
  • Constitución Política de 1822
  • Constitución Política de 1823
  • Proyecto Constitucional de 1826
  • Constitución Política de 1828

Con la declaración de la independencia en 1818, el Director Supremo, Bernardo O’Higgins, nombra una Comisión Constituyente con el propósito de redactar un Proyecto Constitucional. Este texto fue promulgado después de un plebiscito realizado entre los ciudadanos varones mayores de edad, propietarios de algún bien inmueble y habitantes del territorio nacional entre las localidades de Copiapó y Cauquenes.

La Constitución Provisoria de 1818, la primera Carta Fundamental de nuestro país, consagra el principio de soberanía nacional en cuanto la Nación tiene la facultad de instalar su gobierno y dictar las leyes que lo han de regir. El país queda dividido en tres provincias: Coquimbo, Santiago y Concepción; se reconoce la separación de poderes; el Poder Ejecutivo es ejercido por el Director Supremo con amplias atribuciones; el Poder Legislativo está conformado por un Senado con cinco vocales designados por el Director Supremo, y cuya función era velar por la observancia de la Constitución y las leyes, y el Poder Judicial fue entregado a un Supremo Tribunal Judiciario y a una Corte de Apelaciones y juzgados subalternos.

Cuatro años más tarde, surge la Constitución de 1822 en reemplazo de la de 1818. En la redacción de este texto se trata de adaptar a la nueva forma de gobierno semi-republicano la Constitución de Cádiz de 1812, además de algunas disposiciones de la Constitución de 1818. Plantea que el Gobierno de Chile será siempre representativo, compuesto por tres poderes independientes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Consagra las garantías individuales y declara que todos los chilenos son iguales ante la ley sin distinción de rango o privilegio, entre otros.

Lo novedoso de este texto constitucional para el Legislativo es la adopción de un sistema bicameral compuesto por una Cámara de Diputados y un Senado. Los diputados se elegían por cada 15 mil habitantes aproximadamente y la Cámara de Senadores, que no era lectiva, la componían distintas personalidades del mundo político, religioso y cultural como los ex directores supremos, los miembros de la Corte de Representantes, los ministros de Estado, entre otros.

La Constitución Política de 1823 se promulga posterior a la abdicación de O’Higgins. Su principal redactor es Juan Egaña, quien preside la comisión designada por el Congreso Constituyente.

Esta es la primera vez en la historia política de Chile que se establece un congreso constituyente, es decir, una asamblea de parlamentarios elegidos por la ciudadanía, con el exclusivo propósito de elaborar una carta constitucional.

En este texto se declaran los derechos fundamentales y sus garantías, la soberanía nacional, la separación de poderes, entre otros. Sin embargo, la complejidad de las instituciones que en ella se establecen y el procedimiento engorroso determinado para la tramitación de las leyes, como la intención de pretender reglamentar y valorar el comportamiento incluso privado de los ciudadanos, hacen imposible ponerla en práctica. De allí que será conocida como la Constitución “moralista” de Egaña.

El Proyecto Constitucional de 1826 tiene sus orígenes en las ideas del federalismo propiciadas por José Miguel Infante, gracias a los logros obtenidos por Estados Unidos de Norteamérica; los celos de Coquimbo y Concepción frente a la hegemonía santiaguina, y en las leyes federales dictadas por el Congreso en 1826, que dividían al país en ocho provincias, dotadas cada una de asambleas provinciales y con un intendente designado por las municipalidades respectivas. Sin embargo, este proyecto federalista no prosperó, debido a la escasez de recursos propios de cada provincia y a la falta de facultades concedidas al Ejecutivo. A lo anterior se sumó la autodisolución del Congreso, lo cual generó inestabilidad política.

En 1828 se forma un Congreso Constituyente (por segunda vez) acordando que la forma de gobierno fuera la “popular representativa republicana”. Se designa una comisión encargada de redactar un proyecto constitucional, que en la práctica queda encargada al literato liberal español José Joaquín de Mora.

La Constitución de 1828 fue promulgada el 8 de agosto del mismo año y pretendía ser equidistante entre el fracasado esquema federalista y el autoritarismo centralizador que propiciaban algunos “pelucones” y “estanqueros”. Por primera vez en un texto constitucional se utiliza la denominación “Presidente de la República” para el Ejecutivo y se establece la institución del Vicepresidente. El Poder Legislativo reside en dos Cámaras: Senado y Cámara de Diputados. El Poder Judicial queda integrado por ministros de la Corte Suprema de Justicia, nombrados por el Congreso, y los jueces designados por el Ejecutivo. Esta Constitución fue la más completa a la fecha de su promulgación y superior a todas las anteriores, aunque como aquéllas, no respondía a la realidad social y cultural del país.

En todo caso, sus disposiciones esenciales fueron la base para la Constitución Política de 1833.

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Ciencia Política y Política Pública para la ciudadanía del siglo XXI

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