Constitución Política y ciudadanía en el Chile del siglo XXI

PREFACIO.

Desde los años recientes y en particular desde el inicio del gobierno de la derechista Coalición por el Cambio, se extienden en  la ciudadanía en Chile un sentimiento y una percepción de rechazo y de descontento frente a un sistema político que perciben como rígido, inmóvil, distante e incapaz de procesar y de resolver los problemas centrales del orden político y las demandas mayoritarias.

En ese contexto la aspiración de modificar o cambiar el sistema electoral binominal se ha instalado en el debate público y político nacional, de manera que este ensayo tiene por propósito analizar cuáles son las condiciones y el contexto en que dicho cambio pudiera ser posible.

Manuel Luis Rodríguez U., cientista político.

Punta Arenas – Magallanes, verano de 2012.

LA CONTRADICCIÓN POLÍTICA PRINCIPAL

Se hace cada vez más evidente la contradicción entre democracia y neoliberalismo, la que se manifiesta políticamente en el presente en una notoria contradicción entre sistema político y ciudadanía, entre un régimen político formalmente democrático pero vertical, elitista, neoliberal, binominalista y centralizado, y una ciudadanía cada vez más empoderada y en movimiento que exige y demanda más democracia, más participación y más transparencia política.

En toda democracia que se precia de tal, los males de la democracia se remedian con más democracia.

Las nuevas generaciones de ciudadanos además, se han instalado en el escenario social y político, exigiendo cambios estructurales para los cuales la clase política gobernante manifiesta notorias reticencias, actitudes defensivas, síndromes de protección y reacciones instintivas de implementar solo cambios superficiales, cosméticos y periféricos, pero que no arriesguen sus propias posiciones de poder y hegemonía.

Nunca una clase en el poder se entrega al suicidio político.

En este contexto, la distancia socio-cultural y la brecha moral entre orden político y ciudadanía se hace cada vez mayor y este tipo de democracia arriesga entrar en prolongados y sucesivos escenarios de crisis y episodios de ingobernabilidad.

El régimen político implantado por la dictadura militar (en co-gobierno con la derecha política y empresarial), comienza a dar serias muestras de fatiga y la ciudadanía reclama cambios políticos estructurales.  Una de esas demandas es el cambio constitucional y el reemplazo del sistema electoral binominal o mayoritario por un sistema proporcional.

El cambio constitucional, mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente, es decir, mediante el recurso de acudir a la decisión del pueblo soberano, constituye una salida política de importancia estratégica y una oportunidad en cierto modo histórica para que la clase política y gobernante, abra las puertas del sistema político a las nuevas perspectivas ciudadanas y a una democracia con mayores componentes participativos.

CONSTITUCIONES Y CRISIS POLÍTICAS

La historia política y constitucional de Chile sin embargo, no parece haber funcionado en esa dirección. La mayoría de las Constituciones que han regido Chile desde su independencia, han surgido de procesos de crisis políticas e institucionales de efectos duraderos dentro del sistema.

Las Constituciones que han regido el orden político en el Chile republicano desde 1818 en adelante, nunca han surgido de la iniciativa o la participación ciudadana. sino de sucesivos ejercicios elitistas en los que alguna minoría hegemónica y en el poder, ha optado por consolidar su propio dominio mediante una carta constitucional.

En efecto, y tal como la Historia lo ha registrado, la Constitución de 1818 proviene del colapso de las instituciones coloniales españolas en la guerra de la Independencia y de la hegemonía de la burguesía terrateniente criolla; la Constitución de 1833 surgió después de la derrota de los sectores liberales y la implantación del régimen conservador portaliano tras la guerra civil de 1830; la Constitución de 1925 surge de la crisis institucional y política de 1920 y la Constitución de 1980 es el resultado y la obra de la dictadura militar (en co-gobierno con la derecha política y empresarial) y de la crisis institucional de 1973.

En todos esos casos históricos (1833, 1925 y 1980), además, pequeños grupos de ciudadanos adictos al gobierno de turno, tuvieron en sus manos la elaboración del texto constitucional y en la práctica, de la construcción de un orden político e institucional en el que la ciudadanía estuvo ajena.

Podría incluso invertirse el argumento: en un escenario social y político cada vez más complejo y de pérdida de representatividad y de legitimidad del sistema político chileno actual y de su sistema electoral binominal (si es que alguna vez tuvo una legitimidad completa y absoluta), caracterizado además por una creciente demanda social por cambios estructurales en el sistema político, no realizar dichos cambios dentro de un tiempo prudencial, bien podría ser un detonante adicional para incrementar los cuadros de crisis socio-política e institucional.

El sistema electoral binominal ha perdido casi completamente su legitimidad ante la ciudadanía y ninguna reforma parcial, ningún maquillaje político o comunicacional podrá evitar que su descrédito aumente las exigencias sociales y políticas de la ciudadanía. Y ninguna minoría conservadora podrá frenar la tendencia profunda instalada en el orden político chileno: la retórica electoral del cambio ha sido tomada en sus manos por la ciudadanía y ahora resuena el discurso: “ustedes prometieron de palabra los cambios, ahora queremos ver los cambios de verdad…”

La clase política actual en Chile, la que ejerce y ha ejercido las posiciones de poder en los recientes treinta años (la generación de los setenta y una parte mínima de la generación de los ochenta, por situar la cuestión en términos generacionales…), no parece dispuesta a entregar sus prerrogativas que surgieron, dicho sea de paso, del mismo diseño institucional que hoy la ciudadanía quiere cambiar.

Manuel Luis Rodríguez U.

Un pensamiento en “Constitución Política y ciudadanía en el Chile del siglo XXI”

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