Impacto del fin del binominal y cómo abordar el nuevo sistema proporcional – Pepe Auth

IMPACTO DEL FIN DEL BINOMINAL Y  CÓMO ABORDAR EL NUEVO SISTEMA PROPORCIONAL

Después de 26 años y siete elecciones parlamentarias, la próxima elección de diputados y senadores se hará con las reglas del sistema proporcional. Esta minuta apunta a identificar los cambios concretos que desencadena este trascendental cambio y también a sugerir modificaciones en la conducta de los diferentes actores políticos para abordar con éxito la elección más importante desde 1989, porque ésta determinará el tamaño con que las distintas fuerzas políticas ingresarán al nuevo ciclo democrático que se inicia.

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DE QUÉ SE TRATA EL CAMBIO

 

Para elegir diputados, pasamos de 120 escaños elegidos todos en 60 distritos duales, a 155 diputados en 28 distritos de mayor tamaño que elegirán entre 3 y 8 escaños cada uno. Para los senadores, cada región pasa a ser una circunscripción senatorial, eligiéndose dos escaños en cada una de las 5 regiones menos pobladas, tres en las 5 regiones medianas y cinco escaños senatoriales en las 5 regiones más grandes.

Ningún diputado será elegido en un distrito dual, sólo 28 (18,1%) diputados se elegirán en distritos pequeños de 3 y 4 escaños, mientras 127 (81,9%) lo harán en distritos medianos y grandes, que eligen entre 5 y 8 diputados.

Diez senadores continuarán eligiéndose en un esquema dual, pero el 80% restante (40) será electo en circunscripciones de 3 y 5 escaños. Además, la mitad del Senado se elegirá en circunscripciones senatoriales de 5 escaños.

 

CONSECUENCIAS DE LA APLICACIÓN DEL NUEVO SISTEMA

 

  • Se inicia la era del deshielo

El Binominal prolongó artificialmente el clivaje que constituyó la política después del Plebiscito de 1988 entre los partidarios del SÍ y del NO, produciendo un efecto de congelamiento del sistema político. Es muy improbable que la división en dos bloques definidos por su comportamiento de hace 27 años resista al nuevo sistema electoral, que tenderá a reemplazar la escena actual de dos bloques separados por un foso, por un continuo de fuerzas políticas diferenciadas que seguramente partirá a la izquierda de la Nueva Mayoría y pasará también por una fuerza política de Centro, perdiendo su sobre representación los dos bloques que han dominado de manera incontrarrestable la política chilena por casi tres décadas.

 

  • Se acaba el paraíso de los expertos electorales

El Binominal es el sistema electoral de resultados más predecibles. Porque es como un partido de fútbol con muy pocos marcadores posibles: el empate 1-1 en la gran mayoría de los casos, el triunfo 2-0 en un puñado de distritos y muy excepcionalmente la derrota 0-2.

Con el cambio, se multiplican los resultados posibles de la elección en cada distrito, por supuesto son más numerosos tanto más escaños se elijan. Imaginemos la cantidad de resultados posibles en un distrito de 7 escaños donde hay 4 listas en competencia: puede ser 4-3-0-0, 3-3-1-1, 2-2-2-1, 2-2-1-2, 5-2-0-0, 4-1-1-1, 1-1-3-2, y decenas de otros resultados posibles. Es como el paso del blanco y negro al color en la televisión chilena a comienzos de los Ochenta.

Las elecciones recuperan así un elemento esencial, que es la incertidumbre respecto del resultado. Es posible que la motivación para concurrir a votar crezca en la medida que los electores sientan que hay diferencia entre participar o quedarse en la casa.

 

  • Obtener más votos cobra sentido y razón

Hoy día en la gran mayoría de los distritos, los candidatos saben de antemano que ninguna lista doblará a la otra, de modo que obtener 30% de los votos significa para una lista elegir un diputado y empatar con la otra lista principal, esforzarse para crecer al 40% produce el mismo efecto, es decir, se sigue eligiendo un solo diputado, conquistar el 50% e incluso hacer la proeza de llegar al 60% de los votos del distrito tiene el mismo resultado que haberse quedado en el 30%, gastando menos recursos, tiempo y energía. El Binominal hace las veces de un poderoso calmante que termina aletargando a los incumbentes, a sus partidos y a sus coaliciones electorales.

En la práctica, cuando el diputado de una coalición es electoralmente fuerte, los buenos candidatos rehúyen competir allí y termina frecuentemente con un acompañante testimonial, que no lo desafía electoralmente. Eso provoca que el resultado 1-1 haya pasado a ser la norma y el doblaje la excepción.

En un distrito de 8 escaños del nuevo sistema, cuando una lista sólo suma 20% puede que elija dos diputados pero si sube al 30% seguro sumará un tercero, con 40% lo más probable es que elija cuatro, si logra la mitad de los votos quizás consiga un quinto escaño, y si realiza la hazaña de superar el 60% puede terminar eligiendo 6 de los 8 diputados en juego. Lo mismo ocurre con las listas no alineadas, porque la diferencia entre 5 y 10% puede que sea la distancia entre elegir y quedarse afuera. Hoy día, da lo mismo que obtengan 5, 10, 15 o 20%, con esos resultados no eligen parlamentarios porque no superan a ninguna de las dos coaliciones principales.

El efecto obvio es que ya no habrá candidatos que parten sin la más mínima opción y ningún partido dejará de poner el mejor elenco posible en todos los territorios electorales, porque siempre estará abierta la opción de elegirse, sea por una votación personal importante, por la de su compañero de partido o por el buen resultado de su coalición electoral.

Pasaremos de un sistema de competencia amortiguada, regulada y a veces inoficiosa, a uno de alta competitividad, derivada de que todos los candidatos pueden pensar con algún fundamento que tienen opción de ser electos y porque un solo voto por sobre la lista adversaria puede hacer una diferencia en el número de parlamentarios elegidos.

 

  • Las terceras (y cuartas) fuerzas podrán existir sin permiso de los dos grandes

Una fuerza como el Partido Comunista, que había logrado formar una coalición consiguiendo votaciones nacionales entre 6 y 9%, habría ingresado al Congreso con este sistema electoral sin necesidad de pactar con la Concertación como lo hizo en 2009. También el PRO sin duda habría elegido parlamentarios. El Binominal fue perforado excepcionalmente –menos del 2% de los casos- pero siempre en distritos muy pequeños, y la mayoría de las veces el sistema alentaba la cooptación de esas excepciones por parte de los dos grandes bloques.

Era muy difícil no sólo por el altísimo umbral efectivo del Binominal –entre 25 y 33%- sino también por la desesperanza aprendida de electores que veían a su opción política obtener adhesión significativa elección tras elección sin ninguna posibilidad de elegir parlamentarios, lo que sin duda reducía su electorado al núcleo duro que vota para expresarse, perdiendo por completo a ese gran número de votantes que piensa también en tener un representante que luego diga o haga cosas que vayan en su beneficio.

Bajará significativamente el umbral efectivo para elegir diputados y senadores –en las de 3 al 20-25%, en las de 5 al 15-18% y en los de 8 a 10-12%, pero sobre todo cambiará la percepción de los electores a la hora de votar por terceros o cuartos compitiendo por fuera de los dos grandes bloques, pues pronto se percatarán que también tienen opción real de ser electos.

 

  • La hora de la verdad para los partidos

El Binominal funciona, en la práctica, como un sistema uninominal en paralelo en los dos grandes bloques. Es así como la UDI, con sólo 4 puntos porcentuales más que RN en la elección de 2009, eligió 40 diputados contra sólo 18. Esto no ocurrirá más, porque la relación entre los votos y los escaños de cada partido será mucho mayor, pues desaparecerán los efectos uninominales y las distorsiones de la negociación parlamentaria.

La Nueva Mayoría hoy día negocia para que candidatos de sólo 2 partidos conformen la lista en cada distrito y circunscripción, de modo que en la votación de los candidatos del PPD hay con toda seguridad votación socialista, democratacristiana o comunista, según como se conformó la dupla, y lo mismo le ocurre a todos los partidos. Ahora, en cambio, la norma general será que todos compitan con sus propias candidaturas en todo el territorio nacional, e incluso si lo hacen concentrados allí donde tienen opción, deberán competir con todos los demás, y no como ocurre hoy día, que es sobre la base de las mutuas omisiones.

Esto es lo que hace de la próxima elección un acontecimiento decisivo para las próximas décadas, porque se pueden perfectamente producir variaciones relevantes en el tamaño de los diferentes partidos y, por tratarse de la primera elección con el nuevo sistema, cómo le vaya a cada uno en noviembre de 2017 será muy determinante en la incidencia política de las distintas fuerzas en las dos décadas siguientes.

El subpacto es en la práctica la posibilidad que tienen dos o más partidos políticos de actuar como un solo partido electoral al interior de una coalición. Como la ley no contempla la opción de constituir subpactos entre partidos, el que desee o necesite formar un partido electoral estará obligado a convertirse en un solo partido político. Es el caso del Partido Socialista y el PPD, en alguna medida también el Partido Radical Socialdemócrata, que comparten buena parte de su electorado específico. No olvidemos, sí, que el Binominal dejó como herencia el empequeñecimiento del electorado de partidos en beneficio de aquellos que, sin preferencia por partidos e incluso teniéndola, privilegian la coalición y se identifican votando simplemente por los que mejor la expresan. Quizás esa tendencia comience a revertirse con el cambio de sistema pero tomará su tiempo que los partidos recuperen su identidad diferenciada y sus nichos electorales propios.

  • Dos mitades, tres tercios o cuatro cuartos

 

Como las grandes alianzas electorales ya no serán la diferencia entre existir o quedarse afuera, las coaliciones serán menos forzadas y más voluntarias, constituidas en torno a compromisos programáticos comunes.

 

La verdad, sin embargo, es que, independientemente de cómo participan los distintos partidos en la competencia parlamentaria, si en dos bloques, tres tercios o cuatro cuartos, la política seguirá estructurada en torno a una coalición que gobierna y a otros que intentan agruparse para hacerle frente al gobierno y ganar la siguiente elección presidencial. Es la Segunda Vuelta Presidencial, es decir, la exigencia de mayoría absoluta para gobernar el país, lo que produce una competencia entre dos fuerzas que necesitan ser mayoría para llegar al gobierno, que por supuesto es el leitmotiv de toda fuerza política.

 

En concreto, es la Presidencial como siempre la que ordenará la competencia parlamentaria. Si la centroizquierda lleva más de un candidato a la Primera Vuelta, de seguro cada candidatura presidencial tendrá su correlato en una lista parlamentaria. Si, en cambio, hay una sola opción presidencial de centroizquierda, es más probable aunque no indispensable que haya también una sola lista parlamentaria.

 

Probablemente continúe por un tiempo la lógica actual de formación de coaliciones de gobierno previo a las elecciones presidenciales y parlamentarias. Es bien posible que en el futuro, con sistema proporcional y segunda vuelta presidencial, las coaliciones de gobierno se constituyan después de las elecciones parlamentarias, cuando ya se han contado los votos y escaños y están definidas las candidaturas presidenciales que compiten en Segunda Vuelta.

 

  • El mito de la dispersión y multiplicación de partidos

 

Hay más fuerzas políticas representadas hoy día en la Cámara de Diputados Binominal que al 11 de septiembre de 1973, cuando estaba en vigencia un sistema proporcional con distritos de hasta 18 escaños, como ocurría en Santiago. La política se impone cualquiera sea el sistema electoral, éstos no modelan la realidad ni cambian la historia política a su antojo. De hecho, en marzo de 1973, con sistema proporcional, se realizó una elección binominal, pues la polarización política llevó a inventar los partidos federados (la Unidad Popular y la Confederación Democrática) para sortear la ley que impedía pactos entre partidos, sumando ambos más del 95% de los votos. El Binominal, en cambio, a pesar de su objetivo explicitado de crear dos grandes partidos políticos, produjo una derecha estructurada hoy en 4 partidos y movimientos, permitió el ingreso de 3 partidos en formación (Liberal, RD e Izquierda Autónoma), y ha mantenido en la Centroizquierda a 7 partidos.

 

Además, fuera del Parlamento sobreviven partidos como el Humanista, PRI, Igualdad y Ecologista.

 

En lugar de la proliferación de partidos y la dispersión que vaticinan algunos, apostaría que el nuevo sistema electoral generará incentivos para reducirla. En los más pequeños, porque hoy día no hay diferencia entre obtener 5 o 10% de los votos, y si da lo mismo mejor quedarse con el 5% propio, pero cuando obtener  5 o 10% sea la diferencia entre participar o quedarse fuera, evidentemente tendrán incentivos para formar partidos más grandes o agruparse en una coalición para estar representados en el Parlamento. Aunque en menor medida, también los medianos y grandes preferirán agruparse en listas más amplias para intentar asegurar el beneficio que reporta en distritos impares ser la lista que obtiene más votos. Por supuesto, partidos con el mismo nicho electoral que se mantenían separados porque ello los beneficiaba en la distribución de cupos en la mesa de negociación, tendrán ahora muchos incentivos para concurrir a formar partidos más grandes que expresen mejor su espacio político-electoral.

 

Al facilitar la creación de partidos políticos, lo que se está haciendo es que los independientes que hoy constituyen en los hechos cada uno un partido político en el Parlamento (4 en la Cámara y 2 en el Senado), tendrán incentivos y posibilidades para hacerlo como candidatos de una colectividad con programa conocido, sometido a las mismas exigencias que los demás (que han de crecer en materia de democracia, transparencia y responsabilidades). Como se trata más de facilidades para competir que para prolongarse artificialmente de no conseguir adherentes, es muy probable que estos pequeños partidos busquen establecer agrupaciones más grandes, revirtiéndose la tendencia a la dispersión instalada en los últimos años del Binominal con crecientes perforaciones.

 

  • De derrotar al compañero a ganarle al adversario.

 

El diputado o senador que busca la reelección, salvo la excepción de algunos territorios donde el doblaje es una probabilidad cierta, sabe que debe resistir el embate de su compañero de lista. Éste, a su vez, inicia su campaña consciente de que asegurará su elección sólo si le gana al incumbente de su propia coalición, aunque sea por un solo voto. Eso conduce a que los candidatos se concentran en defender los votos de su sector en lugar de intentar ampliarlos.

 

Por supuesto, todo candidato buscará siempre salir primero, pero el foco ya no estará puesto de manera obsesiva y exclusiva en debilitar al otro candidato de su propio sector sino mucho más en quitarle adherentes a las listas adversarias.

Porque si aporta votos adicionales tendrá más opciones de resultar electo, como consecuencia de que la lista aumentó su votación y eligió más escaños.

 

La lógica hoy día lleva a preferir al compañero de lista más débil posible, porque la lista elige uno solo y se busca la seguridad de ser ese único. En el nuevo sistema, la lógica será la de constituir listas colectivamente competitivas, con los mejores candidatos y candidatas disponibles, porque así se llevará un número mayor de los escaños a elegir. Mi propia posibilidad de resultar electo puede depender de la calidad y competitividad de mi compañero de lista.

Lo que los partidos buscan hoy día es poner un candidato que dispute con éxito el nicho electoral del parlamentario incumbente y que compita por demostrarle a los electores del mismo bloque que representa mejor el ADN del sector.

 

En 2017 el éxito dependerá en buena medida de la capacidad e inteligencia de los partidos y coaliciones para constituir equipos de candidatos y candidatas con arraigo territorial distinto y con identidades diferenciadas y complementarias, que en lugar de dirigirse al mismo target electoral, contribuyan a ampliar las fronteras del sector que representan y a disputarle espacio a las listas adversarias, pues será la sumatoria de sus votos lo que definirá cuántos diputados o senadores le corresponderá elegir en cada distrito o circunscripción.

 

  • De la competencia de personas a la de opciones políticas

 

Actualmente, una vez que el candidato ha sido inscrito por su partido ante el Servel, queda librado completamente a su suerte –salvo en las excepciones del doblaje o en las escasísimas situaciones donde compiten 3 listas-, a lo que pueda hacer como persona en la campaña, todos los demás son sus adversarios y debe evitar que crezcan para construir su propia votación, la que eventualmente le dará el triunfo. Las campañas tienden a concentrarse en los atributos personales y a diluir la identificación política, desapareciendo las marcas partidarias, incluso las de coalición,  y en ocasiones hasta la asociación con la candidatura presidencial. Es muy frecuente que la invitación a votar por un candidato esté fundamentada en atributos muy generales y muy rara vez en sus posiciones o compromisos respecto de temas o decisiones nacionales.

 

El sistema proporcional introduce una dimensión colectiva de la tarea, cuando entre varios candidatos repartiéndose el territorio o los sectores sociales para hacer campaña, consiguen la votación necesaria para poner uno o más de los suyos, representantes de ese ideario y esa identidad específica.

 

La elección de un parlamentario puede perfectamente depender -con el tiempo ésa será la regla general- no sólo de los votos propios sino también de la votación de sus compañeros de partido o de lista. En ese sentido, la situación actual en que los parlamentarios son prácticamente propietarios del escaño cederá paso progresivamente a la existencia de representantes de una corriente o espacio político determinado.

 

Chile es uno de los casos más extremos de individualismo y personalización de la política, reforzado por un fuerte componente de clientelismo. Este paradigma de nuestras campañas se moverá a una situación de mayor equilibrio entre el candidato y el colectivo del que forma parte, entre sus atributos personales y sus posiciones políticas.

 

La combinación de territorios electorales más extensos que harán menos gravitantes en el resultado a las pequeñas clientelas locales, el aumento significativo del número de candidatos en la papeleta, el hecho nuevo que competirán representantes de todas las corrientes sin previos acuerdos de omisión, además que concurren a votar aquellos que deciden voluntariamente hacerlo, todo eso genera un escenario electoral que exige diferenciación para tener éxito, que premiará a aquellos con identidad definida, a los que tengan posición clara respecto de las respuestas a preocupaciones de la gente, a los que señalen su compromiso respecto de una opción presidencial y su programa.

 

En este mismo contexto, es previsible que los partidos como marcas e identidad vuelvan a existir en las campañas parlamentarias, pues los electores necesitarán más elementos de identificación del candidato en un cuadro mucho más variado de opciones.

 

  • El poder vuelve a la gente

 

En el sistema binominal vigente, una parte importante de la decisión es en la práctica tomada por las instancias directivas de los partidos. Porque la elección de dos escaños por territorio lleva a que se organicen dos grandes bloques con sólo dos candidaturas cada uno, obligando a las coaliciones a complejos procesos de negociación que definen para cada distrito y circunscripción a qué partidos le corresponderá competir y a cuáles omitirse. Una vez que un candidato ha logrado ser nominado como tal por su partido y éste ha conseguido el cupo para competir, si se es parte de una de las dos fuerzas principales del Binominal, éste tendrá un 50% de probabilidad de elegirse, para lo cual le bastará superar por un voto a su compañero de lista y que ésta a lo menos acumule un voto más que la mitad de lo conseguido por la lista mayoritaria.

 

En la práctica, entonces, es más difícil y relevante ser candidato que ganar la competencia electoral. En ese sentido, las cúpulas políticas toman en el sistema Binominal parte importante de la decisión que corresponde a los ciudadanos.

Se devuelve el poder a la gente cuando las negociaciones pierden relevancia, cuando la posibilidad de ser candidato crece significativamente, cuando el menú de opciones disponibles para el electorado aumenta de manera relevante, cuando la barrera principal para ingresar al Parlamento se traslada desde los pasillos de los partidos a las urnas donde se expresan las preferencias ciudadanas.

Incluso en el caso de coaliciones de dos partidos, donde ambos podían competir en los 60 distritos, ya no será el Comité Electoral de la UDI o de RN quien decida a cuál de los precandidatos le da ese 50% de probabilidad de ser parlamentario, porque deberán llevar varios candidatos en cada distrito o circunscripción, y serán los electores quienes decidan cuál es el o los diputados UDI elegidos de entre el elenco de opciones presentado por el partido.

 

  • ¿Parlamentarios más lejanos?

 

Hoy se elige en promedio un diputado cada 111 mil electores y tenemos el caso de distritos donde se elige un representante en la Cámara cada 265 mil electores, como ocurre en el distrito 20 (Maipú) y sólo un poco menos en el distrito 29 (Puente Alto).

 

El nuevo sistema con su redistritaje y asignación de 35 nuevos escaños, elegirá en promedio un diputado por cada 86 mil electores y tendrá más de 120 mil electores por diputado.

 

Es evidente que en los distritos con más electores, que elegirán un número mayor de diputados, la probabilidad de contar con uno de ellos en cualquier actividad comunitaria crecerá significativamente. Si en los distritos 16 y 20 hoy día ejercen 4 diputados y a partir del 11 de marzo de 2018 lo harán 8 en el nuevo distrito que los fusiona, la cobertura territorial de la Cámara y de los diputados considerados colectivamente, aumentará significativamente, al igual que la del Senado y de los senadores.

 

Diez de las quince regiones elegirán un senador más y todas las regiones de Chile tendrán a lo menos un diputado adicional. Si se consideran los nuevos distritos, 24 de los 28 tienen a lo menos un escaño adicional.

 

Algunos piensan que los nuevos parlamentarios van a correr todos detrás de la misma pelota, concentrados en las principales actividades de las grandes comunas. Si ello ocurre, la cosecha será abundante para quien rompa ese hábito y opte por concurrir a los territorios menos gravitantes pero sin competencia. Por lo mismo, es previsible que se produzca una distribución natural de las agendas de los representantes según preferencias, arraigos y votaciones, de manera que los nuevos diputados, más numerosos, tengan igual o mayor cercanía de la que tienen los actuales.

 

  • Las ciudades grandes no dejarán sin representación a las pequeñas

 

Aunque hoy día un candidato necesita muchos votos para ser elegido, algunos le otorgan a territorios pequeños de sus distritos más tiempo y recursos de los que merecerían de acuerdo a su gravitación electoral. Lo hacen porque allí es más frecuente que las preferencias se orienten masivamente en favor de una candidatura o en desmedro de otra, contribuyendo muchas veces a hacer la diferencia. Porque en las ciudades más grandes la competencia tiende a ser mayor y los votos a distribuirse de manera menos desequilibrada.

 

Un parlamentario de un distrito pequeño que agrupa varias comunas rurales fusionado con otro más grande donde predomina una ciudad, tendrá las mismas o mayores opciones de elegirse, porque es seguro que la competencia por los votos de la gran ciudad será mucho más intensa que la que se desarrollará en 7 o más comunas rurales, donde se requiere mucho tiempo y trabajo para modificar comportamientos electorales consolidados.

 

El gran tamaño de los distritos no debe obnubilar a los candidatos al punto de salir a conquistar votos en todas partes, particularmente donde están las grandes concentraciones de votación, restándole importancia a sus propios nichos territoriales, por pequeños que éstos sean.

 

Las votaciones gigantescas, los monopolios y monopsonios electorales desaparecerán a manos de la intensa competencia y la diversidad. Se necesitarán menos votos para ser elegido, y por lo mismo las ventajas que se tengan en un territorio determinado, por pequeño que sea, adquieren gran relevancia. Lo mismo que las causas sectoriales, hoy día desaparecidas bajo la obligada búsqueda del común denominador, adquirirán mucha importancia, porque es perfectamente posible movilizar una franja suficiente de ciudadanos para elegir un diputado desde una pasión minoritaria pero intensa, más todavía si tiene su movimiento social correlacionado.

 

  • Del marketing personal a la publicidad política

 

Los límites al gasto rigurosamente supervisados por el Servel y las sanciones desalentadoras para quienes transgredan las leyes que rigen el financiamiento de las campañas, pondrán fin a un espiral creciente de gasto electoral en las últimas dos décadas.

 

El mayor tamaño de los distritos y circunscripciones, la abundancia de candidatos de las distintas opciones, la presencia de más de una candidatura por partido en muchos casos, todo ello alentará la reaparición de propaganda corporativa, es decir, aquella que pone por delante la opción colectiva de la que forma parte el candidato, la marca de la coalición y del partido.

Lo que se puede prever es más publicidad política en favor de una lista o de un partido y menos márquetin personalizado, porque los electores necesitarán señas de identificación de sus candidatos. Como habrá demasiados productos buscando comprador, las listas y partidos se verán obligadas a identificar a sus candidatos, y éstos a trasladar la mayor parte de sus esfuerzos al contacto directo con los electores.

No hay ninguna razón para que el elenco de candidatos de la UDI en un distrito que fusiona a 3 distritos actuales, gaste más recursos de los que gastaba ese partido en sus candidatos por separado, porque el territorio es el mismo. Porque los votos del partido serán la suma de 4 o 5 candidatos y candidatas que aportarán cada uno sus recursos, su esfuerzo diferenciado, su énfasis territorial y temático propio.

También se puede prever que el regreso de lo colectivo venga acompañado de la recuperación de relevancia del programa, propuestas, compromisos y discurso del candidato, todo ello en desmedro de la importancia inusitada que tienen hoy día los rasgos de carácter y atributos personales en la decisión de voto. Del mismo modo, las acciones clientelares de campaña, tales como entrega masiva de lentes u operativos médicos, perderán relevancia en el contexto de un número mayor de electores.

La entrega de información al máximo de electores sobre los candidatos debidamente identificados en lo político-programático, la propaganda visual que aclare el lugar específico que ocupan (partido, coalición, candidato presidencial asociado), junto con el contacto directo con los electores en los nichos electorales más favorables, serán los principales énfasis de toda campaña en el contexto del nuevo sistema electoral.

 

  • Un traje sin medida

 

Es evidente que el dibujo de los distritos y circunscripciones trazado después del 5 de octubre de 1988, tuvo a la vista los resultados del Plebiscito y en el horizonte el objetivo de conseguir que las fuerzas del Sí empataran con las del No en la mayoría de los territorios electorales del país.

Si se analiza con objetividad el redistritaje de la Reforma, ninguna fusión de distritos tiene otra explicación que la contigüidad geográfica y la búsqueda de agrupar electores que permitiera elegir 5 o más escaños en el máximo de territorios electorales, por supuesto respetando siempre el principio que cada región tenga su propia representación en el Senado y en la Cámara. De los 35 nuevos escaños, 23 (casi dos tercios) se asignaron a los territorios sub representados (R.M., 5° y 8°),  con el propósito de reducir la desigualdad del voto, y el tercio restante se asignó uno a cada una de las 12 regiones restantes, sin hacer ninguna distinción. Cuando había más de un distrito en la región, el escaño adicional fue asignado al distrito con más electores por diputado, lo que tiene el efecto de reducir al mínimo la actual desigualdad del voto al interior de las regiones.

Lo mismo en materia senatorial, donde los diez escaños adicionales (luego de pagar la deuda constitucional con la región de Arica-Parinacota) se entregan a las diez regiones más grandes, sin hacer ninguna distinción.

El Senado estaba hecho para que la mayoría empatara con la minoría. Hubo elecciones donde la Concertación aventajó por más de 15 puntos a la Alianza y eligió el mismo número de senadores. Con 10 circunscripciones que elegirán número impar de senadores, ahora habrá ganadores y perdedores en esos territorios, y quien gane la elección muy probablemente tendrá mayoría en el Senado, además de abrirse posibilidades para que una tercera fuerza ingrese a la Cámara Alta, particularmente en las 5 regiones que elegirán cinco senadores.

La número par de senadores tiene que ver con que se piensa a sí misma como eterna minoría y, por tanto, su objetivo era mantener condiciones para empatar en el Senado aun perdiendo en las urnas. Ello la llevó al extremo de proponer en las negociaciones número par de senadores incluso en las regiones donde su opción de ganar es real si uno se atiene a los resultados previos, pero prefería asegurar el empate en lugar de correr el riesgo de perder.

Es justamente el riesgo de perder y la posibilidad de ganar lo que esta reforma le ha devuelto a las elecciones senatoriales.

Algunos de los efectos del cambio electoral aquí descritos se manifestarán de inmediato, otros irán apareciendo en la medida que los actores políticos y los ciudadanos electores vayan reconociendo el nuevo sistema y adaptándose a sus exigencias.

No cabe duda, sí, que el tamaño con que cada fuerza política emerja el 11 de marzo de 2018 marcará a fuego el grado de protagonismo e influencia que tendrá cada una en el nuevo ciclo político de la democracia chilena las próximas dos décadas.  Tampoco cabe duda que el éxito dependerá fundamentalmente de la capacidad que tengan los distintos actores de interpretar correctamente el significado del cambio electoral y adaptar sus candidatos, sus campañas y su manera de hacer política a las nuevas exigencias que éste les impone.

 

Pepe Auth

20/01/15

 

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